martes, 20 de octubre de 2009





Los obreros se dan cuenta de que están aislados y sin munición (únicamente se pueden defender a golpe de dinamita), a merced de fuerzas muy bien armadas y cada vez más numerosas. Comprenden que seguir así es un suicidio…


En este contexto se creará el tercer comité revolucionario, presidido por Belarmino Tomás, que será el encargado de negociar la rendición con el general López Ochoa. Así, como máximo dirigente de una revolución derrotada, Belarmino fue a negociar con el general. Antes de comenzar la reunión, y dando cuenta de la valentía y el orgullo con el que los obreros asturianos lucharon por su causa, Tomás le dice a López Ochoa: “Enantes qu'empencipiemos a tratar de lo que me traye equi, quiero que nun pierda usté de vista que los que tamos frente a frente somos dos xenerales, el de les fuercies gobernamentales, que ye usté, y el de les revolucionaries, que soi yo"(“antes que empecemos a tratar lo que nos trae aquí, quiero que no pierda usted de vista que los que estamos aquí frente a frente somos dos generales, el de las fuerzas gubernamentales, que es usted, y el de las revolucionarias, que soy yo”).


En esta conversación se acuerda el alto el fuego por parte de los revolucionarios, la liberación de los prisioneros gubernamentales y la entrega de las armas. A cambio se respetarán las vidas de los obreros y se negará la entrada de los regulares y del tercio en la cuenca minera.


Durante todo el día 19 las discusiones entre los obreros fueron muy tensas. Por un lado, los que no aceptan la rendición y escapan al monte, para seguir la lucha, y por el otro, los que eran cabezas visibles de la revolución, que huirán de Asturias por miedo a las represalias.


Esta represión comenzaría en el frente de Campomanes donde ocho heridos serán enterrados vivos. También, veintisiete trabajadores presos serán sacados de sus celdas y torturados hasta la muerte. Sus cadáveres destrozados se encontrarán en las escombreras de Carbayín. El día 24 llegará el comandante de la Guardia Civil Doval, enviado por el Gobierno para dirigir la represión policial. La tortura en las comisarías y en las cárceles se pondrá a la orden del día. Cerca de cuarenta mil obreros irán a presidio en Asturias y en el resto del país. Se clausurarían los locales de los sindicatos obreros y su prensa será prohibida. Hubrá varias condenas de muerte y algunas ejecuciones. Como podemos ver, la palabra del general López Ochoa no tendrá prácticamente ningún valor.


La revolución costaría mil vidas a los obreros, por trescientas del ejército. En números generales podemos saber que la participación obrera fue de 50.000 combatientes con sólo 24.000 fusiles en su poder y munición para unos centenares de ellos. En frente se encontraría el ejército africano y unos cuantos regimientos que sumaban en total 26.000 soldados, con todo su armamento disponible para la guerra.


Los costes económicos serán importantes también. Las destrucciones más destacadas serán la voladura de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y la quema del edificio histórico de la Universidad (que traerá como consecuencia la quema de la biblioteca), por parte de las fuerzas revolucionarias. Y la destrucción de numerosas poblaciones por parte del ejército.





2 comentarios:

Pablo D. dijo...

Ahora, a modo de coloquio, me gustaría que dejáseis vuestra opinión sobre este acontecimiento.

Deseo que tengamos un debate apasionado e interesante con el que concluir este fantástico tema.

Un saludo!

Cayetano dijo...

Mi opinión sobre este apasionante tema:
Creo que el enfrentamiento entre las dos Españas era inevitable. La solución ante tanta tensión acumulada desde tiempos inmemoriales sólo podía dirimirse o con un estallido revolucionario, y el de Asturias sería el detonante de un conflicto más generalizado, o con un golpe militar, que fue lo que pasó, convirtiéndose en guerra por la polarización ideológica tremenda de los españoles.
Lo deseable habría sido que las reformas de calado, necesarias para modernizar el país y emprendidas tímidamente en el primer bienio, se hubieran llevado a cabo, sin prisas pero sin pausas y sin bienio negro que las obstaculizaran.
También creo que se llegó a este escenario de enfrentamientos por no haber una clase media que rebajara la tensión. Era una lucha entre pobres y ricos, entre izquierdas y derechas muy radicalizadas. También era un escenario donde se jugaban sus intereses y el control de Europa ideologías totalitarias de distinto signo político: fascistas y comunistas.
Saludos.

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