lunes, 19 de octubre de 2009

Revolución de Octubre del 34. Tercera parte





Los supervivientes de la masacre de Avilés y Gijón se hacen fuertes en los pueblos de camino a Oviedo, y en la misma capital, dificultando el pase de las tropas gubernamentales. Pero la falta de armamento hará que, aunque dificultosamente, el ejército pueda llegar a las puertas de la ciudad, donde el combate se librará alrededor de la catedral y la cárcel.

El día 11 será crucial para el frente de Campomanes, ya que se quedarán sin balas con las que defenderse. A última hora llegarán algunas cajas desde Oviedo y Trubia que les ayudarán a seguir resistiendo contra el enemigo.
En estos días, el gobierno ya verá cada vez más cerca la victoria contra los sublevados, así que los habituales vuelos de la aviación destinados a ametrallar y bombardear las poblaciones insurrectas se utilizarán, también,para lanzar todo tipo de panfletos llamando a la rendición. Sin duda, este será el hecho que más daño haga entre la población, así vemos como el Comité Provincial de Oviedo ordena abandonar la lucha, ya que para ellos todo está perdido.
La orden del comité no será escuchada por la mayoría del pueblo luchador que, con el corazón en una mano y el fusil en la otra, seguirá organizándose para defender el terreno que están perdiendo. Por eso se irán formando otros comités, muy fugaces en su mayoría, con la misma filosofía y funcionalidad que los abandonados.
La valentía de muchos obreros, que prefirieron morir luchando antes de huir de su tierra, provocará que se gananen algunos puestos que habían caído en manos del ejército. Pero este espejismo finalizará cuando las tropas del General López Ochoa comiencen el asedio a la capital. El general tendrá una forma muy “original” de protegerse del fuego enemigo al colocar cadenas de prisioneros a la cabeza de las columnas para que sean el blanco de todos los disparos.
Esa misma tarde, las tropas del general entrarán en la ciudad. La represión, la más cruenta vendrá de la mano de los moros y regulares, se adueñará de las calles de Oviedo donde todos los que son hechos prisioneros serían fusilados. Los obreros, al no poder hacer frente al ataque por la falta de munición ya comentada, se replegarán en el frente de la Felguera en su mayoría, otra parte crearán su cuartel general a las afueras de Oviedo, ideando un posible ataque de reconquista de la ciudad.
El factor clave que hacía avanzar al ejército era la aviación, sus bombardeos constantes causaban más miedo entre la población que todo el fuego de ametralladoras que asolaba la ciudad día y noche. Es más, cuando los aviones iban a repostar o en busca de más munición, las tropas revolucionarias comenzaban a ganar terreno a los gubernamentales, dándoles esperanzas de poder volver a tomar la capital y desde ahí retomar Asturias entera. Pero todas estas ideas se quedan en papel mojado cuando la impotencia, generada por la falta de medios, supera a la ilusión.
En Sama se creará un nuevo comité provincial, que estará en manos de los comunistas. Los dirigentes de comité, junto con el creado también en Mieres, estarán a favor de la no intervención en la lucha, por lo que abandonarán sus puestos dejando atrás un numeroso grupo de mineros que, desorganizados, segruirán luchando por su supervivencia hasta que el ejército, irremediablemente, los aplaste con rapidez. Sólo algunos podrán escapar para seguir la lucha en Pola de Lena, donde el comité no estaba en manos comunistas y el frente de lucha seguía en Vega del Ciego.
Los días que transcurren hasta la rendición, el día 19, estará protagonizados por la falta de armamento y la necesaria defensa de las posiciones con dinamita; la pérdida de estas posiciones y las negociaciones entre los distintos comités para pactar la entrega de las armas. La rendición vendrá precedida por la pérdida de la posición del Naranco, último reducto revolucionario de Oviedo, donde muere (y nace el mito) de Aida Lafuente





2 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Monsieur, pocas veces tengo la ocasion de encontrarme con la historia de mi propia ciudad natal, por lo cual me ha resultado doblemente grato. Y muy instructivo, ademas.

Buenas noches, monsieur

Bisous

Cayetano dijo...

Bien que se estrenó y entrenó Paquito en este suceso para el posterior levantamiento militar. Por eso dicen los "revisionistas" de derechas que la guerra la empezó la izquierda con actuaciones como ésta. Y olvidan que el golpe del 18 de julio se convirtió en guerra por la resistencia mostrada en las principales ciudades del país. Si no habría sido simplemente eso: un golpe militar.
Gracias por pasarte por mi blog.
Saludos.

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