martes, 23 de marzo de 2010

Biografía: Ramón Álvarez Palomo (II)



Tras el estallido de la Revolución de Octubre del 34, Ramón no tomará en cuenta la posición de la CNT Nacional y pactará con las demás fuerzas obreras creando la UHP.

"En la revolución de octubre se demostró que era posible la unión. De los socialistas puedes decir que desconfiaban de nosotros, pero ¿ es que nosotros confiábamos en ellos? En Asturias se dirimían las diferencias entre socialistas y anarquistas, sobre todo por la cuenca minera, a navajazos, a principios de siglo. Cuando el fascismo fue extendiéndose como un pulpo por Europa, nosotros estábamos convencidos de que España sería la nueva víctima de la convención fascista europea. La CNT, nosotros, pasando por encima de todo lo que nos había diferenciado, establecimos el contacto con los socialistas. Yo propuse, por acuerdo de la Regional, en un Pleno Nacional de Regionales en el 33 que nosotros veíamos que la salida podía ser, ahora que había una zona del socialismo, dirigida por Largo Caballero, que estaba dispuesta a ir a la calle, creíamos los asturianos que el primer paso era contactar con esa zona del socialismo que ya casi estaba en nuestra posición. Y sí, estaba de acuerdo con el análisis, pero no en el remedio, y con los socialistas, nada."


Como seguía siendo el secretario general de la Confederación en Asturias fue nombrado secretario del Comité Revolucionario de Gijón. Éste comité luchó duramente por las calles gijonesas hasta que al derrota no les dejó otra opción que huír de la ciudad de manera clandestina. A través de las montañas llega a Rengos donde su compañero de viaje, Luís Meana (Vicesecretario del Comité presidido por Ramón), tiene familia. Aquí pasan todo el invierno hasta que, en marzo del 35, Ramonín sale en un barco desde Avilés con destino Bilbao. Tras llegar a tierras vascas alquila un coche y pasa la frontera a Francia.


Vivirá en París, Bruselas y Ámsterdan, siempre acompañado de un buen puñado de cenetistas asturianos que tuvieron que abandonar el país de la misma manera que él.


Tras el triunfo del Frente Popular, en febrero del 36, volverá a Gijón. Su sorpresa al llegar a la ciudad es mayúscula al saber que había sido sustituido como Secretario Regional del sindicato y que tenía que ir como delegado al IV Congreso Confederal de la CNT para defender el papel que tomó Asturias en la insurrección del 34. Las jornadas de debate fueron largas e intensas, pero finalmente la actuación de la regional asturiana será aprobada por la asamblea y a Ramón se le invitará a participar en una gira por España para alentar a los trabajadores a que se uniesen a su lucha.


Podrá participar en pocos actos ya que la Guerra Civil estalló poco tiempo después. Desde el primer día formará parte del Comité de Guerra de Gijón en representación de la CNT. El apartado de Comunicación y la Secretaría de Movilización Militar serán sus cargos dentro del comité.


A finales de noviembre de este mismo año el Comité de Guerra gijones se disuelve dejando paso al Consejo de Asturias y León, que se ocupó de toda la tarea gubernamental de la región. Ramón, en representación de la FAI, será nombrado consejero del Departamento de Pesca, un cargo de suma responsabilidad dada la importancia económica que tenía la pesca para Asturias.


A la tarea de consejero también hay que sumarle la de secretario de la Federación Local de grupos Anarquistas y la de miembro de la Comisión de Evacuación en 1937, cuando el ejército franquista estaba a las puertas de la privincia.


Tras caer el Frente Norte, abandona Gijón en un buque en dirección a Francia. Pero no será para exhiliarse, de nuevo, sino para pasar a Cataluña y seguir luchando contra las tropas nacionales. Aquí se encargará de controlar la llegada de alimentos y armas. Viendo su eficacia, será nombrado secretario particular del ministro de Intrucción Pública y Sanidad, que era el cenetistas Segundo Blanco. Así nos habla de ello: "Cuando nombraron a Segundo, él me llamó y me dijo que como habíamos sido los dos consejeros, que si no tenía inconveniente, le agradaría que yo trabajase para él. Yo acepté ¿El balance? Aceptar ser ministro es aceptar ser un cargo político, eminentemente político. Y teniendo en cuenta las circunstancias, el único tema que nos afectaba era la Guerra Civil."


En enero de 1939 el ejército franquista toma Cataluña y tiene que huír al exilio. Se marchará a París de nuevo.



8 comentarios:

Cayetano dijo...

Lección que la historia reciente nos da: las derechas siempre ganan, vía electoral o por las armas, porque siempre han hecho una piña, mientras que la izquierda está desunida.
Y así sigue la cosa...

Madame Minuet dijo...

Malos tiempos para ser ministro, en plena guerra y con un panorama como el que usted nos explica, en el que por si era poco que habia dos bandos, los de uno se peleaban entre sí a navajazos.

Feliz dia, monsieur

Bisous

S. dijo...

Y donde muere?
Cayetano dice la verdad eh?
Un besillo

Nikkita dijo...

Hola Pablo, la historia sigue igual de interesante. Al final tiene que acabar aceptando el cargo político. Es una pena que ya no quede gente que luche de esa manera por, y guiados por sus ideales.
Besos.

Pablo D. dijo...

Pienso que la izquierda es más plural y oferta más opciones que la derecha. Por eso le es tan difícil llegar a un conseso común.

Debería de marcarse unas pautas comunes por las que luchar juntos y llegar a competir con la derecha en unas condiciones parecidas.

Pero bueno, como se dice aquí: "ye lo que hay"...


Un saludo Cayetano!

Pablo D. dijo...

No es raro que en Asturias se acabe a navajazos, madame.

Mismamente Jovellanos, en sus "Cartas" nos habla de la prohibición de las romerías por culpa de las batallas campales que protagonizaban los jóvenes de la zona y los del pueblo contrario.

Tenemos una manera especial de arreglaro todo, ¿no cree?...


Un saludo!

Pablo D. dijo...

Muere en Gijón, S., en 2003. Vuelve tras al muerte de Franco.

Mañana acabo su biografía.

Un saludo!

Pablo D. dijo...

Creo que la valentía en este caso es la de dejar sus ideales a un lado, Ramón era un anarquista convencido que nunca se imaginó colaborando con algún tipo de administración gubernamental, para trabajar en la tarea que exhige el momento y así poder ganar la guerra...

Muy cierto lo que dices, Nikkita, pocos hombres con la entereza ideológica de antaño existen en la actualidad.

Un saludo!

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