viernes, 2 de abril de 2010

Entrevista a Angustias Martínez. Encarcelada durante el franquismo



“La represión franquista me hizo reafirmarme en mis ideas”



"Se llama Angustias Martínez y acaba de cumplir 85 años. Comenzó su actividad política con los primeros compases de la Guerra Civil como militante de la Juventud Socialista Unificada (JSU). Fue detenida por ello, torturada y encarcelada durante siete años. De nuevo en la calle, la represión la empujó a exiliarse a Chile, desde donde, junto a otros españoles, continuó trabajando contra la dictadura en el Comité Antifranquista. En 1973 regresó a España y, desde entonces, lucha por la reparación de los derechos de los ex presos y represaliados políticos del franquismo.
- Usted vivió en primera persona las cárceles franquistas. ¿Cómo empezó todo, por qué la detuvieron?
Por algo muy importante. Cuando me detuvieron, yo pertenecía a la JSU. Todavía no tenía los 18 años. Llegó la guerra y los jóvenes que no estábamos de acuerdo con la sublevación montamos la organización en mi pueblo, La Peraleja, perteneciente al partido judicial de Huete [en la provincia de Cuenca]. Le estoy hablando de agosto-septiembre del 36. Nuestra actividad fundamental fue alfabetizar. Además de eso, montamos un taller de confección para hacer vendas, ropa para los niños que llegaban evacuados de Madrid por los bombardeos y otras cosas que nos encargaban para un hospital que montaron en Huete. Y ése fue nuestro trabajo fundamentalmente. Ése fue el gran y tremendo delito.
- ¿Cómo fue el momento de la detención?
Fue el 1 de abril de 1939, en Cuenca capital. Fueron a detenerme dos campesinos de mi pueblo sublevados. Me llevaron al Cuartel General de Cuenca y ahí me dieron la primera paliza, ese mismo día. Me acusaban de haber sido fundadora de la Juventud Libertaria de Madrid, una organización creada muchísimos años antes de nacer yo. Les expliqué que era militante de la JSU y no sabían lo que significaban esas siglas. Me pidieron nombres y, como les dije que no les iba a dar ni uno siquiera, me llevaron a una habitación, me pusieron unas esposas y me empezaron a pegar. Se pasó un buen rato. Me volvieron a pedir nombres y, como no se los di, me mandaron a la cárcel de Cuenca. Allí estuve hasta que me llevaron a Huete, donde me juzgaron. El fiscal pidió para mí veinte años de condena, que luego se quedaron en doce. Finalmente, de esos doce, cumplí siete. En Huete estuve hasta que me llevaron a Uclés [también en la provincia de Cuenca], el 7 de enero del 40. Y en el 42 me trasladaron a la prisión de mujeres de Ventas de Madrid. Allí estuve hasta que salí definitivamente de la cárcel, en el 46.
- ¿Cómo fueron esos años en la cárcel? ¿Cómo era el trato a los presos políticos?
En Huete las palizas eran frecuentes, era una cárcel malísima, pero en Uclés fue mucho peor. Las palizas dejaron de ser tan frecuentes, pero fusilaban dos veces por semana por lo menos. Lo hacían en las mismas tapias de la cárcel. Sentíamos las descargas. Y luego, como el jefe de pelotón tenía la obligación de dar un tiro de muerte en la sien a cada uno por si la ráfaga había dejado a alguno con vida, sabíamos a cuántos habían matado porque sentíamos el tiro de gracia. Imagínese lo que eso representa. Estar en un cárcel sintiendo que han matado a no sé cuántos... Salían gritando: “¡Compañeros! ¡Vamos! ¡Viva la República! ¡Seguid adelante vosotros! ¡Confiamos!”. Eso no se te olvida nunca. Esas voces, esos gritos, con la entereza que salían...
- ¿Su actividad política continuó dentro de la cárcel?
Sí, claro. En Ventas, por ejemplo, la gente tenía una mayor conciencia política que en el resto de cárceles en las que había estado y nos faltaba tiempo para todo el trabajo que teníamos. Había clases de cultura, reuniones de partido, hacíamos nuestro propio periódico a mano... todo de manera clandestina. Y conseguimos algo que no consiguió ninguna otra prisión: que se escaparan dos penadas a muerte.
- Y eso, ¿cómo lo lograron?
Es una de las cosas más hermosas que he vivido. Fue en el año 45. Las funcionarias tenían dos chicas presas de auxiliares. Nos pusimos de acuerdo con una de ellas, que tenía a su alcance la llave de una habitación que daba a un patio interno muy profundo que rodeaba la cárcel. Desde ese patio se accedía a las garitas, en las que no había guardias. La idea era que se subiesen a la garita y con una cuerda se deslizasen al otro lado. Conseguimos que se escaparan. Luego supimos que una se fue a Francia y la otra se quedó aquí. Yo no las he vuelto a ver, aunque algunas compañeras sí las han visto.
- Y su familia, ¿cómo vivió sus años en prisión?
Encarcelada la mayoría. Mi hermano, mi padre y mis tíos también estaban presos. A mi padre lo fusilaron el 17 de enero del 45. Junto con las compañeras que se escaparon, ese día es el momento más emocionante de mi vida. En ese momento ya no me lo esperaba. Después de cinco años, ya no. ¡Cinco años esperando la pena de muerte! Esperando el nombramiento cada día que había saca, no saber si le toca o no le toca.... Lo matan el primer día y sufres la mitad. Le detuvieron por ser de Izquierda Republicana y le condenaron a muerte por lo mismo. Lo mataron en Carabanchel y lo llevaron a un cementerio sacramental. Al día siguiente, mi familia fue a rescatar el cadáver. Le pusieron una caja y lo metieron en una tumba individual, pero temporal. A los diez años llamaron a mi madre para ver qué hacían con los huesos. Cuando mi madre fue a recogerlos, no había cadáver ni caja. Dicen que el cuidador sacaba las cajas y las vendía a otros.
- En 1946 salió de la cárcel. ¿Cómo fue el reencuentro con la “libertad”, si me permite la expresión?
La salida fue tan dura o más que estar dentro de la cárcel. La cárcel es la cárcel, pero dentro de la cárcel vives, te acomodas. Sales a la calle y te encuentras con que sigue siendo la cárcel, pero con todos los problemas de la calle. ¿Qué haces, quién te coloca? Sales marcada. Para cualquier trabajo hacía falta un informe de Falange y de la Iglesia.
- ¿Se vio obligada a hacer algún tipo de concesión para integrarse socialmente?
No, no, no, nunca. No he renunciado nunca a mis ideas y siempre he dicho quién soy. Ahí sí que no me han vencido. Posiblemente, en mis circunstancias de vida no he tenido que hacer concesiones por miedo a represalias a gente de mi familia, por ejemplo. No he estado casada, no he tenido hijos y en mi familia estamos todos en la misma línea.... es una satisfacción.
Sorprende escucharla recordar tanto dolor y tanta injusticia muy cabreada, pero sin el menor atisbo de rencor, sin ningún ánimo de venganza.
Yo no sería capaz de hacerle a nadie lo mismo que me han hecho a mí. Eso sí, no lo voy a olvidar nunca. Y sobre todo hay una cosa: la represión franquista a mí -y yo creo que a la mayoría de nosotros- me hizo reafirmarme en mis ideas. Sigo firme en mis principios. Esta sociedad no me sirve. Es totalmente injusta y pienso que algún día tiene que cambiar, pero cómo no lo sé. Si lo supiese, ya lo habría hecho. Pero no renuncio a que ese cambio se produzca alguna vez. No me acomodo a la vida que considero que no es justa. "



Revista Pueblos Nº 12, Especial Derechos Humanos, verano de 2004.

Radio Vallekas la entrevistó en 2008. Aquí os dejo los dos programas dedicados a ella:



9 comentarios:

Cayetano dijo...

Hay personas que están fabricadas con un material especial, a prueba de golpes y de penalidades. Personas que son un ejemplo para los demás de integridad y valor.

Mila dijo...

Tuvo suerte de salir "ilesa" de Uclés. Mi familia es de un pueblo de al lado, a 12 kilómetros, y alguna gente del pueblo cuentan que cuando se llevaban a alguien a Uclés, no lo volvían a ver.
Excelente documento, Pablo.
Un saludo! Mila.

Madame Minuet dijo...

Una mujer fuerte, indestructible, y con mucho valor. Ahí la tenemos en plena forma aun, y dispuesta a seguir con lo que sea, despues de todas las cosas por las que pasó, que con la cuarta parte seguramente se le hubiera quitado el animo a cualquiera.

Feliz dia, monsieur

Bisous

Pablo D. dijo...

Totalmente de acuerdo, cayetano. Hay gente especial de la que se debe de aprender. Son todo un ejemplo para la sociedad.

Un saludo!

Pablo D. dijo...

Uclés, Burgos, Montjuic... en todas ellas entró más gente de la que salió...

Son muy interesantes todas esas historias que recorren los pueblos que conviven con alguna cárcel.

Un saludo Mila!

Pablo D. dijo...

Toda una mujer de hierro, madame... Gracias al testimonio de estas personas poodemos conocer todos los sufrimientos vividos e intentar que nunca vuelvan a ocurrir...

Parece que ella no gozó de los privilegios de los que el Conde Marsal tanto hablaba en su carta al Times...

Un saludo!

Las Reinas Del Garito dijo...

Un testimonio sobrecogedor. Y que al querer darles hoy la triste justicia de reconocer sus injustas penalidades y desenterrar unos pocos huesos para darles reconocimiento en España algunos siguen sublevándose.

Un saludo.

Nikkita dijo...

Esta mujer tiene que estar hecha de una pasta especial, como otros cuantos, que no solo sobrevivieron a aquello, sino que convivieron con sus vivencias el resto de su vida, manteniendo su lucha y su dignidad, aún estando marcados, como ella dice.
Para mi, tienen mucho valor.
Besos.

Anónimo dijo...

Jueves 6 de Mayo. 19:30 H. Acto Público
LA JUSTICIA UNIVERSAL contra los CRÍMENES DEL FRANQUISMO

El espíritu del acto del jueves lo podemos resumir en las siguientes palabras de Carlos Slepoy:

"Las Leyes de amnistía o punto final no tienen validez ante los crímenes contra la humanidad o genocidio"

Con la intervención de:

* CARLOS SLEPOY: Abogado de los querellantes de la causa abierta en Argentina para que se juzguen los crímenes de la guerra civil y la dictadura española.
* ANGUSTIAS MARTÍNEZ: Víctima de la represión franquista.
* FERNANDO MAGÁN: Abogado de las asociaciones que iniciaron la causa en España.

http://www.casadelbarriocarabanchel.es/

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